P.
Egidio Driedonkx, SCJ
EL PADRE DEHON
Y LA RECONCILIACIÓN
Commissione Generale pro
Beatificazione di p. Dehon
Curia Generale SCJ
Roma – 2004
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Nota per i lettori
Ecco un altro fascicolo della serie che conterrà articoli,
sussidi, ecc… riguardanti la personalità e la
spiritualità di p. Dehon, per dare la possibilità a tutti
di una conoscenza più approfondita del nostro p. Fondatore, in
vista della sua Beatificazione – a Dio piacendo.
1. P. Mario Panciera scj: P. Dehon e i Dehoniani. Un profeta dei tempi
moderni.
2. P. Umberto Chiarello scj: Il Miracolo attribuito a P. Dehon. Iter
processuale.
3. P. Egidio Driedonkx scj: El Padre Dehon y el Clero.
4. P. Manuel Joaquim Gomes Barbosa scj: Padre Dehon homem de Igreja.
5. P. Umberto Chiarello scj: Leone Dehon – Apostolo dei nuovi tempi
(1843-1925).
6. PP. Tullio Benini scj – André Perroux scj : Père
Dehon, qui êtes-vous ?
7. P. Albert Vander Helst scj: Onze spiritualiteit van Priesters van
het H. Hart.
8. P. Juan José Arnaiz Ecker scj: Espiritualidad Dehoniana en la
pastoral parroquial.
9. P. Muzio Ventrella scj: Il P. Dehon nomade dell’amore di Dio.
10. P. André Perroux scj: Le Père Dehon et sa famille.
11. P. Eduardo Perales Pons scj: El P. León Dehon y la
oración.
12. P. Evaristo Martínez de Alegría scj: La
santità e i santi.
13. P. Egidio Driedonkx scj: El Padre Dehon y la formación de
los laicos.
14. P. Umberto Chiarello scj: Padre Dehon e la famiglia dehoniana.
15. P. Eduardo Perales Pons scj: El Padre Dehon hombre de
oblación.
16. P. Jerzy Bernaciak scj: Sługa boży O. J.L. Dehon świadek wartości,
które nie przemijają.
17. P. Egidio Driedonkx scj: El Padre Dehon y las misiones.
18. P. Heiner Wilmer scj: Den Charakter Zuerst Erziehungs-maximen bei
Leo Dehon.
19. P. Marcial Maçaneiro scj: A oferta do Coração.
20. P. Angelo Cavagna scj: L’impegno sociale di P. Dehon.
21. P. John Czyzynski scj: Father Dhon - A Man of Oblation trough Love.
22. P. Eugeniusz Ziemann scj: Umiłowanie Kościoła przez o. Jana Leona
Dehona.
23. André Perroux scj: Il senso di Chiesa secondo Padre Dehon.
24. Egidio Driedonkx scj: El oratorio diocesano de Soissons.
25. Mirosław Daniluk scj: Ks. Leon dehon, propagator odnowy trzeciego
zakonu franciszkańskiego.
26. Józef Gawel scj: O. Leon Jan Dehon i Eucharystia.
27. Angelo Cavagna scj: Centenario dell’Enciclica “Rerum Novarum” di
Leone XIII.
28. Jan Sypko scj: Eucharystyczne Praktyki.
29. Egidio Driedonkx scj: La dirección espiritual del P. Dehon a
Clara Baume, laica consagrada – 1919-1295.
30. Paul McGuire scj: The Role of Spiritual Direction in the unfolding
of Leo Dehon’s Charism as a Founder.
31. Mario Panciera scj: Dalla croce alla vita – Nati dalla Croce.
32. Jan Sypko scj: Koncepcja duchowości wynagradzającej ojca Dehona.
33. Angelo Cavagna scj: P. Dehon e la Madonna.
34. Jan Sypko scj: Specyfika i aktualność Eucharystycznej duchowości
Wynagradzającej Ojca Dehona.
35. Paul McGuire scj: Freedom, Equality, Participation: how Leo Dehon
Anticipated Changes in Official Catholic Social Teachings.
36. Egidio Driedonkx scj: Las tres cartas circulares del Padre Dehon a
sus misioneros.
37. Andrea Tessarolo scj: Il Padre Dehon e le Missioni.
38. Valentín Peres Flores scj: El peregrino León Dehon.
39. Joseph Mukuna scj: La Béatification du Père Dehon
dans l’imaginaire du Dehonien Africain.
40. Andrea Tessarolo scj : Il Padre Leone Dehon animatore del movimento
sociale cristiano.
41. Egidio Driedonkx scj: El Padre Dehon y la Reconciliación.
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EL PADRE DEHON
Y LA RECONCILIACIÓN
Introducción
Este pequeño estudio sobre el P. Dehon quiere analizar una de
sus grandes características: su espíritu de
reconciliación.
Vamos a tratar este tema:
- en sus escritos espirituales,
- en sus obras sociales,
- en su trabajo pastoral,
- y tanto en su vida privada como en la de Superior
General de su Congregación.
Queremos descubrir en todo esto como su vida fue una continua
manifestación del amor misericordioso del Corazón de
Jesús, el gran Reconciliador del mismo Padre Dios que vino a
nuestro mundo.
1. En sus escritos espirituales
La reconciliación y el perdón, frutos del amor
misericordioso del Corazón de Jesús
Es difícil encontrar en las obras espirituales del P. Dehon la
palabra “reconciliación”, o “reconciliar” en cuanto se refiere a
la obra de salvación de Cristo, Normalmente usa otras palabras
como “se cargó con nuestros pecados”, “nos lavó en su
sangre”, “dio, o entregó su vida por nosotros”, “nos
salvó”, “nos redimió”, “nos rescató, “expió
nuestros pecados”.
Pero en su libro “El Año con el Sagrado Corazón”, en el
tercer punto de la meditación del 4 de septiembre, que trata de
la institución del sacramento de la penitencia, leemos:
“El ministerio de la reconciliación –
San Pablo calificó bien el ministerio apostólico y
sacerdotal, es el ministerio de la reconciliación: “Cristo,
dice, en sustancia, ha reconciliado el mundo con su Padre por el
sacrificio de su vida, pero para aplicar los frutos de este sacrificio
nos ha confiado la palabra de la reconciliación”.
Esta palabra los apóstoles y los sacerdotes la pronuncian, sea
predicando Cristo y la penitencia, sea administrando los sacramentos,
particularmente el bautismo y la penitencia (2 Cor. 5,17).
Escuchen al apóstol: “Desde el momento que uno pertenece a
Cristo, llega a ser una nueva criatura: el pasado no existe más,
todo está renovado. Ahora bien, todo esto viene de Dios, que ha
reconciliado a los hombres consigo en Jesucristo, no imputando
más sus pecados, y es en nosotros que ha puesto la palabra de la
reconciliación (OSP IV, 222)”.
Llama la atención que para San Pablo todo el apostolado
sacerdotal es ministerio de reconciliación.
El capítulo o la meditación número 25 del libro
del P. Dehon “El Mes del Sagrado Corazón” tiene otras citaciones
sobre la reconciliación. Ya el mismo título de la
meditación dice: “Corazón de Jesús, nuestra paz y
nuestra reconciliación, ten piedad de nosotros”.
La meditación comienza con las palabras: "Desde el primer
instante de la encarnación, el Corazón de Jesús
ofreció para los pecadores las gotas de sangre que acababa de
recibir del Corazón Inmaculado de su Madre. Desde entonces el
Corazón de Jesús comienza a ser víctima de paz y
de reconciliación por nuestros pecados”.
La reconciliación de los hombres con Dios fue entonces uno de
los grandes fines de la encarnación, que marcó toda la
vida de Jesús. Fue el fruto de su amor por su Padre y por los
hombres. Continúa el P. Dehon:
“Este inmenso amor hará de Jesucristo el Cordero de Dios que
lleva todos los pecados del mundo, el Buen Pastor que corre hacia las
ovejas extraviadas, el Padre de familia que recibe con alegría
al hijo pródigo arrepentido. La obra de este amor es eterna. El
Corazón de Jesús queda siempre en estado de
víctima inmolada por nosotros, conserva la solicitud del Buen
Pastor en busca de la oveja perdida, siente siempre la alegría
del Padre cuando recibe a un pródigo arrepentido. Estas
disposiciones hacen vibrarnos de esperanza, cuando se revelan en el
evangelio (OSP. I, 568)”.
En esta meditación ya dice el P. Dehon que el gran motivo de la
encarnación y por consiguiente de la reconciliación, fue
el amor de Jesucristo a su Padre y a los hombres. En la décima
meditación del “Mes del Sagrado Corazón” lo repite de
nuevo:
“El amor que hizo descender al Hijo de Dios a la tierra no lo deja
más, reina como dueño y señor sobre su humanidad y
le inspira todas sus obras y sus palabras. San Pablo dijo : “Me
amó y por eso se entregó por mí”. Santa Matilde,
desarrollando este tema muestra sobre todo la solicitud de Nuestro
Señor por los pecadores, sus palabras amables, sus
lágrimas y los sufrimientos de la pasión (OSP. I ,468)”.
Este amor de Jesús es un amor misericordioso. Lo dice el P.
Dehon en su libro “El Retiro del Sagrado Corazón”:
“Me uno Señor a los sentimientos que excitaba en el alma del
salmista el recuerdo de sus infinitas misericordias. Pero estas
misericordias las adoro particularmente en el Corazón de
Jesucristo, que se hace carne para visitar y salvarnos (OSP. I, 54-56)”.
En la meditación número 19 “Corazón de
Jesús, paciente y misericordioso” del mismo libro leemos:
“Es esta misericordia que lo hizo descender del cielo a la tierra, y lo
hizo decir que es el Buen Pastor venido para dar su vida para salvar a
sus ovejas.
Es esta misericordia, esta compasión que le arranca este grito:
“¿Porqué quieren morir, hijos de Israel? Vuelvan a Mi y
vivirán. ¿Porqué quieren condenarse alejados de
Mi? Vuelvan a Mi y reencontrarán la vida (Ez. XVIII)”.
Su misericordia brilla en sus gestos con la Samaritana para
convertirla, en el perdón a la Magdalena, a San Pedro, al buen
ladrón, en la oración que hace en la cruz para sus
verdugos. Llora sobre Jerusalén, tiene piedad con la gente que
no tiene pan, llama a todos los que sufren para aliviarlos (OSP. I,
516)”.
En “Coronas de Amor”, primera corona, dedica 15 páginas a la
misericordia del Corazón de Jesús, tanto para con los
pecadores, como para con los enfermos y todos los que sufren (OSP. I,
269-284).
La reconciliación que Jesús nos trae, sobrepasa entonces
el perdón de los pecados, afecta también algunas
consecuencias del pecado, sea personal o social. Jesucristo quiere
salvar al hombre entero, cuerpo y alma, devolverle toda su dignidad en
cuanto sea posible.
Este pensamiento desarrolla el P. Dehon más en la
meditación número 40 del “Retiro del Sagrado
Corazón”.
Dice que “la caridad del Corazón de Jesús llegó a
ser piedad profunda frente a las grandes miserias de la humanidad.
Manifiesta su piedad a cada paso por el evangelio. Llora sobre
Jerusalén, su patria, que niega todas sus preocupaciones de
amor. Libera a los poseídos de la espantosa tiranía del
demonio, sana a los ciegos, a los sordos, a los cojos, a los leprosos.
Tiene piedad con estas familias que la enfermedad y la muerte han
causado un dolor extremo. Tiene piedad de todo el pueblo, de esta masa
que está oprimida por las injusticias innumerables y que no
encuentra ni caridad, ni compasión”.
Pero su piedad no es estéril: actúa, consuela, ayuda,
sana y quiere que nosotros hagamos lo mismo. Su Reino debe ser el Reino
de la justicia y de la caridad.
En el tercer punto de esta meditación el P. Dehon deja hablar a
Jesús mismo que dice:
“El Reino de mi Corazón en la sociedad es el Reino de la
justicia y de la caridad, de la misericordia hacia los pequeños,
los humildes, y los que sufren. Le ruego de dedicarse a todas estas
obras, de animarlas, de ayudarlas. Favorezca todas las instituciones
que deben contribuir al Reino de la justicia social y que deben impedir
la opresión de los débiles por los poderosos (OSP. I,
230-233)”.
En la meditación número 33 de este mismo libro hay otro
diálogo de Jesús con el discípulo:
“Ahora vengo a usted. Mire, mis hijos tienen hambre de la palabra de
Dios y de los sacramentos. ¿No tiene piedad de ellos? Las obras
de apostolado y de enseñanza necesitan hombres de buena
voluntad. Vea las discordias socales. ¿Quién se
interpondrá entre el rico y el pobre para predicarles a los dos
sus deberes de justicia y de caridad? Usted ve como los abusos de una
clase engendra la revuelta de la otra. Usted entiende las
reivindicaciones amenazadoras de la envidia, Hay que multiplicar a los
apóstoles de la justicia y de la paz (OSP. I, 198)”.
Este llamado al apostolado de la justicia y de la caridad para
prolongar su encarnación y su misión de
reconciliación en la tierra hace Jesús, según el
P. Dehon, a todos sus discípulos, pero de una manera especial a
sus sacerdotes.
En su libro “El Corazón sacerdotal de Jesús” tiene un
capítulo sobre el “Corazón sacerdotal de Jesús y
de los deberes de la vida social y de la acción popular”. En el
punto dos de la meditación número 26 habla del
“Corazón de Jesús y las clases populares” Dice que
Jesús se ha dedicado especialmente a esta clase y
continúa:
“El mundo necesitaba una renovación. En Roma el esclavo era como
una bestia de carga, Diez millones de ciudadanos estaban servidos por
cien millones de esclavos. En Palestina los fariseos eran altaneros y
sin corazón. Solo un Dios podía decir a los hombres:
“Ustedes son todos hermanos”. Es la misión de Jesús. Es
bajo este aspecto que los profetas la nos han presentado : “Será
lleno del Espíritu de Dos, traerá la buena noticia a los
pequeños y a los humildes, remediará a todos los
infortunados, predicará el gran jubileo con el perdón de
las deudas y la rehabilitación de los pobres (Isaías LXI).
Todas las reformas económicas y sociales se encierran en los
principios que da: la paternidad de Dios y la fraternidad de todos los
hombres.
El da el ejemplo de la simplicidad y del trabajo. Elige el taller para
su vivienda, los pastores son sus primeros adoradores. Es obrero e hijo
de obrero. Véanlo en Nazareth con el delantal y los
útiles del carpintero. Reclama para los obreros justicia,
respeto, amor fraterno”.
El punto tres de la meditación trata de la “Iglesia y el Pueblo”
y dice:
“La Iglesia inspirándose en el Corazón de Jesús ha
liberado a los esclavos. Levantó a los esclavos gradualmente a
la servidumbre, al proletariado; los llevará a la
participación, a la corporación, a la igualdad
cívica.
La Iglesia ha organizado las comunes, las corporaciones, los
órdenes redentores. Con San Francisco ha sustraído al
pueblo a las duras leyes del derecho feudal. Ha remediado al
proletariado con las obras: los orfelinatos, los hospitales, las
sociedades de caridad.
Trajano y Marco-Aurelio sometían a los esclavos y a los vencidos
a trabajos forzados y a las luchas en el anfiteatro. Voltaire y los
filósofos se burlaban del pueblo que solamente servía
para comer heno. Cristo y los apóstoles promulgaban la
fraternidad universal.
Oh sacerdotes, entréguense a las obras del apostolado, tanto a
las obras antiguas como a las nuevas. Ayuden a la prensa popular.
Favorezcan los círculos de estudios, las conferencias, los
retiros que forman apóstoles. Vayan al pueblo en su apostolado y
en su oficina. Vayan al pueblo por medio de la reivindicación de
la justicia y del derecho en su favor. Vayan al pueblo favoreciendo sus
intereses, sus recreaciones honestas (OSP. II ,603-605)”.
Vemos en estos textos citados de los escritos espirituales del P.
Dehon que Jesucristo no vino solamente para reconciliar a los hombres
con Dios, sino también entre si y entre las diversas clases
sociales. Por eso les dio el mandamiento de la caridad y de la
fraternidad.
Leemos en el libro del P. Dehon “El Año del Sagrado
Corazón”: “El amor a Dios y el amor al prójimo no son que
un solo mandamiento. Cuando Jesús pronunció su “Ecce
Venio” entrando al mundo, vino al mismo tiempo por el amor a su Padre y
por el amor a los hombres. ¿Cómo sería posible
amar a Dios sin amar a los hermanos? El mandamiento del amor al
prójimo es el mandamiento por excelencia de Jesús, es su
propio mandamiento : “Es mi mandamiento, dijo, que ustedes se amen como
yo los he amado (Juan 15,12)”
“Es por este mandamiento que se reconocerán que ustedes son mis
discípulos, si ustedes se amen los unos a los otros (Juan 13,35)
(OSP. III ,201-203).
Es este mandamiento del amor que obliga a los cristianos a
reconciliarse los unos con los otros. Es la base también del
apostolado de la caridad y de la justicia.
2. En sus escritos sociales
Si ya fue difícil encontrar la palabra “reconciliación”o
“reconciliar”en las obras espirituales del P. Dehon, más
difícil lo es todavía en sus escritos sociales, aunque la
idea siempre está presente. Lo que quiere el P. Dehon es
reconciliar el mundo moderno con la verdad del evangelio de Jesucristo,
con la Iglesia y con las diferentes clases sociales entre si.
Es un gran trabajo apostólico, que según él, toca
en primer lugar al sacerdote, pero no a él solo, sino ayudado
por los laicos de todas las clases y edades, especialmente los hombres,
pues las nuevas obras que hay que comenzar corresponden mayormente a
ellos.
2.1. La situación de la
sociedad francesa en tiempos del P. Dehon
La sociedad francesa era una sociedad laical, separada y adversa a la
Iglesia y que practicaba un liberalismo social y económico mal
entendido. Era una sociedad que había perdido la paz social y
con fuertes divisiones entre las clases sociales, situación que
“llegó a ser para muchos ocasión de pecado”.
En el segundo capítulo de la primera parte del “Manual Social
Cristiano”, una obra colectiva hecha bajo la presidencia del P. Dehon,
se describe la lamentable situación de la sociedad francesa en
las familias, en la moral, en las relaciones sociales (OSC. II, 29-53).
Esta miseria social provenía según en primer lugar de una
falsa idea de la sociedad, que había cambiado la
concepción social cristiana por una concepción laical e
individualista que condujo a un liberalismo económico espantoso,
donde reinaba la usura y otros males sociales (MSC, OSC. II,53-70).
Este problema se indicaba con la palabra “la cuestión social”.
El P. Dehon ha dedicado los mejores años de su vida a “la
cuestión social”.
2.2. Los verdaderos remedios del mal
La acción de la Iglesia
Es según el P. Dehon la acción más importante. Es
en la citación siguiente del “Manual Social Cristiano” que nos
sorprende la palabra “reconciliar”:
“Sola la Iglesia católica puede remediar los males de la
sociedad actual. Solo ella puede reconciliar el rico y el pobre, porque
solo ella posee plenamente los principios de la justicia y de la
caridad.
El sacerdote en nombre de la Iglesia dice al obrero: “Cumpla fielmente
su trabajo, respete cualquiera autoridad, evite cualquiera violencia en
sus reivindicaciones”.
Dice a los que emplean a los obreros: “Respeten en ellos su dignidad de
hombres y de cristianos. Consideren una vergüenza y una barbaridad
abusar a los obreros como máquinas que hacen dinero. Tomen en
cuenta sus necesidades religiosas y espirituales, deles el tiempo
necesario para esto. Aparten de ellos las causas de corrupción y
de pecado. No les impongan un trabajo por encima de sus fuerzas, ni
contrario a las necesidades de edad y de sexo. Deles un salario justo,
para que puedan mantener convenientemente su vida. No especulen con su
pobreza”.
Y a los ricos: “Solo Dios tiene el derecho absoluto de la propiedad.
Ustedes son administradores. Después de haber tomado de sus
ganancias lo que basta para vivir convenientemente, hay que dar
abundantemente la limosna. Es necesario que todos los hombres vivan de
lo que produce la tierra”.
Y dice a los pobres: “Su situación fue honrada por el Hijo de
Dios. Sean amables y pacientes, santifiquen sus pruebas. En el cielo
serán compensados”.
Dice a los unos y a los otros: “Sean unidos en la caridad. Ustedes son
hermanos. Tienen al mismo Dios como creador, al mismo Redentor, la
misma natura, la misma gracia, la misma herencia en el
cielo.¡Cuantas razones para vivir en paz y en fraternidad! (OSC.
II 103-104)”.
En cuanto a lo que se refiere a los pobres, no quiere decir con esto
que deben aceptar pasivamente su suerte, tienen que reclamar
también sus legítimos derechos y trabajar por esto, como
veremos más adelante.
Sobre el papel del sacerdote en la renovación social abundan los
textos en los escritos del P. Dehon. Leemos en el “Catecismo Social”,
otra de sus obras:
“La vida social debe ser dirigida por la verdad, tanto racional como
teológica, debe ser regulada o ajustada por la justicia.
¿Quién hace reinar la verdad, la justicia y la caridad en
la sociedad, sino el sacerdote? ¿No es él la luz y la sal
de la tierra? (OSC. III, 73)”.
Y en “Renovación Social Cristiana”:
“En la industria los conflictos entre obreros y patrones se han
multiplicado. No se puede ya contar el número de las huelgas.
Los patrones en general han abandonado sus deberes. Son muy escasos los
patrones, que como León Harmel, saben ganar el afecto de sus
obreros por una justicia adecuada y una caridad sobreabundante.
Nosotros los sacerdotes deseamos ansiosamente el bien de las masas.
Somos felices con todas las reformas útiles. Somos apasionados
por el progreso. El bienestar del pueblo encuentra un amplio lugar en
nuestros corazones de apóstoles. Nuestro ideal es el bien
temporal del pueblo juntamente con su bien espiritual. Todo lo que
obstaculiza este bienestar, sea el hambre, el exceso de trabajo, las
casas insalubres, nos interesa enormemente cambiarlo. Esta es la
verdadera doctrina del evangelio y toda la historia de la Iglesia no es
otra cosa que una sola cadena interrumpida de obras de caridad y de
reivindicaciones a favor de la justicia y el derecho (OSC, III, 193 y
205)”.
En el “Manual Social Cristiano” leemos que además el sacerdote
debe ser el discípulo y el apóstol del Sagrado
Corazón:
“En este tiempo de divisiones y de odio hace falta un nuevo remedio.
Nuestro Señor mismo lo ha dicho. Estas almas congeladas
necesitan ser recalentadas por un fuego ardiente.
El Corazón de Jesús manifestado por sus palabras, por su
vida, por sus beneficios es un tema infinito de meditaciones ardientes
y de predicaciones irresistibles. ¡Ojalá que el pueblo
desengañado supiera lo que debe a Jesucristo y lo que, por medio
de su evangelio, le gustaría dar de dignidad, de respeto, de
felicidad y de alegría pura”.
El sacerdote puede cumplir con esta última misión, porque
“solo la Iglesia puede apaciguar los odios sociales y reconciliar todas
las clases y solo ella posee la fuente de la caridad cristiana que
únicamente se encuentra en el Corazón de Jesucristo (OSC.
II,109)”.
Aquí otra vez encontramos la palabra “reconciliar”.
Además este texto podría ser el fundamento para lo que se
dice en nuestras Constituciones sobre nuestra misión de ser
“profetas del amor y de reconciliación en el mundo”.
En “La Renovación Social Cristiano” leemos que la Iglesia
actuando así “no excluye ninguna forma de poder, ninguna clase
social, honra la verdadera aristocracia, pero tiene una preferencia por
los trabajadores (OSC. III,359)”. Es lo que después se ha
llamado “la opción preferencial por los pobres”.
En esto la Iglesia no se aparta del evangelio, pues como dijo el Papa
León XIII: “El Corazón de Dios se inclina más
hacia las clases infortunadas; invita a los que sufren a venir a
Él para consolarlos; abraza con una caridad más tierna a
los pequeños y a los oprimidos; esta doctrina apaciguará
el orgullo de los grandes y relevará el ánimo de los
pequeños la paz se hará en el amor fraterno (OSC
.III,311)”.
Quiero terminar esta parte con otros dos textos del P. Dehon sobre la
misión del sacerdote:
“Los ministros de Cristo ¿no son los guardianes naturales de la
justicia, de la equidad, de la fraternidad cristiana? El sacerdote debe
entonces intervenir en la contienda social actual, no solamente por un
oportunismo que sería bastante justificado, sino por un deber
estricto de justicia y de caridad y para cumplir rigurosamente su
ministerio pastoral (OSC. III,359)”.
“Si el sacerdote es la luz que extiende sobre el mundo el brillo de la
doctrina revelada, hoy día debe ser el maestro y el
apóstol de la ciencia social cristiana (OSC. IV,578).
Devolver al sacerdote su vocación de pastor y su celo de
apóstol se convierte en una idea-fuerza en el P. Dehon. Hay que
restablecer la alianza original entre las dos fuerzas del mundo
moderno, el pueblo y la Iglesia, la democracia y el cristianismo. Esta
recuperación pasa a través de la acción social del
sacerdote. Debe ser un agente activo y convencido de la
“renovación social cristiana”.
La acción del Estado
El Estado no puede dejar pasar todas las cosas sin intervenir.
Sería un liberalismo mal entendido. Debe actuar y hacer leyes
sociales. En su libro “Las Directivas Pontificias” el P. Dehon cita
este texto de Santo Tomás:
“La Sociedad civil y el poder que la gobierna tienen por fin permitir a
los hombres a vivir en paz y justicia con una cierta abundancia de
bienes materiales cuyo uso es necesario para la práctica de la
virtud (OSC. II,394)”.
En “Manual Social Cristiano” cita el siguiente texto del P. de Pascal :
“El Estado es por vocación esencial el mantenedor del derecho,
el guardián de la justicia. Sus deberes encierran el respeto por
la religión, la protección de la familia, la defensa de
los débiles. Según la Encíclica “Rerum Novarum”
debe procura una organización social que produce
espontáneamente y sin gran esfuerzo la prosperidad tanto
pública como privada (OSC. II,111)”.
Las Leyes que hay que crear son:
- del reposo dominical obligatorio,
- de la libertad de enseñanza,
- de la disminución del número de los
conscriptos,
- de la libertad de culto y de la libre
asociación religiosa,
- de la reforma de los impuestos,
- contra la especulación y la usura,
- de las Comisiones mixtas de patrones y de obreros
para la vigilancia de las fábricas y de los talleres y de
Consejos de fábrica,
- que arreglen las horas de trabajo y revisen el
trabajo nocturno, el trabajo de las mujeres y de los niños,
- que arreglen el sueldo mínimo y los
contratos de trabajo (OSC. II,122-129).
Interesante es lo que dice sobre las Comisiones mixtas de patrones y de
obreros para la vigilancia, especialmente en relación con
nuestro tema de la reconciliación:
“Estas Comisiones funcionarían más efectivamente que los
inspectores a sueldo, sistema que se ha probado. Meter a los obreros y
a los patrones juntos para entenderse en cuanto a los intereses
comunes, es el gran remedio de impedir las prevenciones y el
antagonismo. En estas Comisiones los patrones sacarían provecho
del espíritu práctico y positivo de los obreros y ellos
aprenderían a respetar la inteligencia de los patrones y a darse
cuenta de las dificultades con que ellos deben contar (OSC. II,123)”.
La acción de los
interesados : patrones y obreros
Se trata según una expresión de León Harmel de
“levantar la barrera que separa a los patrones de los obreros (OSC.
IV,205)”.
En “Manual Social Cristiano” el P. Dehon comienza este capítulo
con señalar en pocas palabras los deberes de los obreros y
dedica todas las otras páginas a los deberes de los patrones.
El patrón ejerce una autoridad social que es semejante a la de
un padre de familia. Por eso debe vigilar sobre los intereses
físicos, morales, temporales y espirituales de los obreros y sus
familias. Estos deberes van más allá que dentro de la
misma fábrica (OSC. II,129-135).
Muy relacionado con la acción de los padrones y de los obreros
es el derecho de poder unirse en corporaciones o sindicatos mixtos, o
sea de patrones y obreros juntos, o en corporaciones o sindicatos
simples, o sea de patrones u obreros solos. El P. Dehon trata este tema
en la segunda parte del “Manual Social Cristiano”, que es de su propia
mano. Muchos consideraban las corporaciones o sindicatos simples de
obreros solos un impedimento para la Reconciliación.
Interesante es lo que dice el P. Dehon sobre esto en “Las Directivas
Pontificias”, párrafo IX: “la iniciativa obrera”:
“¿Está bien, o al menos lícito y justo que los
obreros se agrupan, estudian, se ponen de acuerdo para pedir ellos
mismos, sea a los patrones, sea al Estado, una mejor
organización económica en la que sus derechos
serán mejor salvaguardados?
Parece que está demás hacer esta pregunta.
¿Porqué los obreros no se ocuparían ellos mismos
de sus intereses y de sus derechos como los otros? Sin embargo hay
grupos de patrones liberales y conservadores que no quieren oír
hablar de esta iniciativa obrera. Para ellos toda la cuestión
social debe ser resuelta por los patrones. Los deberes atribuidos al
patrón no corresponden a los derechos de los obreros. Las
ventajas destinadas a las clases populares les son dadas por la clase
dirigente a título de un don gratuito y voluntario, por
obediencia a las leyes de la caridad, no a causa de una
obligación de justicia (Revue Catholique des Institutions, 1890).
No es el pensamiento de León XIII. Ve con mucho gusto “como en
todas partes se forman sociedades, sea compuestas de obreros solos, sea
mixtas, reuniendo al mismo tiempo obreros y patrones”. Desea que
crezcan en número y en eficiencia en su acción.
Atribuyendo al obrero el derecho que puede estudiar y defender,
León XIII no hace nada nuevo, sigue simplemente el
decálogo.
El premier mandamiento da al obrero el derecho de practicar su
religión; el tercero le da el derecho de reposar el día
domingo; el quinto y el sexto le dan el derecho de ver respetar su
salud y sus modales por el reglamento del taller y las condiciones de
trabajo; el séptimo le da el derecho de un salario justo y
normal.
¿Porqué no podría estudiar estos derechos,
reivindicarlos, hacerlos valer por medio de la prensa, la propaganda,
la discusión del contrato laboral, por la acción
política?
Seguramente se objetará que los sindicatos de obreros solos
varias veces están penetrados de ideas revolucionarias.
Favorezcan entonces a las agrupaciones cristianas, en vez de
exasperarlas negando sus derechos, anímenlas, ayúdenlas
(OSC. II,459-460)”.
Para prevenir el riesgo inherente de los sindicatos separados o de
obreros o patrones solos, el P. Dehon propone en la revista “Sociologie
Catholique” de noviembre-diciembre de 1902, crear “Cámaras de
trabajo” de patrones y obreros juntos, donde se hace el arbitraje para
resolver todos los conflictos entre patrones y obreros.
Leemos aquí también :
“Hace falta tratar de orientar el movimiento sindical no más
hacia la guerra social, sino a la paz, hacia el acuerdo entre los
obreros y los patrones sobre el terreno de la protección de los
trabajadores y de la previsión social. (OSC. I,607-611)”.
2.3. Las Obras
En la segunda parte del “Manual Social Cristiano” el P. Dehon habla de
las obras que hay que crear o continuar para favorecer la paz social,
acentuando especialmente las obras nuevas.
Comienza a pedir de nuevo a los sacerdotes de ir al pueblo:
“El ministerio pastoral se encuentra frente a situaciones nuevas y debe
adaptarse a las necesidades actuales y responder a las exigencias de
los tiempos, como sucedió en todas las épocas de la
historia; por eso la necesidad de las obras nuevas que dan a la
acción del sacerdote un carácter apostólico y
permiten a los laicos aportarle una ayuda siempre útil y algunas
veces indispensable (OSC. II,153-161)”.
Después invita a los sacerdotes a fundar corporaciones y
círculos obreros y sindicatos, pues según León
XIII sirven más para acercar las clases sociales (OSC.
II,163-164).
Recomienda a los sacerdotes visitar anualmente a sus fieles, para
conocer mejor las necesidades de la gente y encontrar laicos que los
pueden ayudar en su labor social (OSC. II,167-171).
Indica después tanto a los sacerdotes como a los laicos por
donde y cómo comenzar su apostolado. Deben saber muy bien que su
misión no está reservada solamente para dentro de la
iglesia o la sacristía, que deben ir al pueblo y no dejarse
desanimar por gente tímida (OSC. II,173-176).
Siguen las obras de los sindicatos rurales agrícolas, la buena
prensa, las cajas de crédito, los círculos rurales , etc..
2.4. Los laicos
Es lógico que toda esta inmensa labor social que hay que hacer
necesita la colaboración de los laicos. En su obra “Nuestros
Congresos” de 1897, el P. Dehon en el capítulo 5 explica las
razones del laicado en la Iglesia. Hablando de la composición de
los Congresos Sociales dice :
“La mayoría reúne laicos y sacerdotes. El apostolado
laico se ha desarrollado sobre todo en este siglo. Se podrían
dar muchas buenas razones. Hay menos clero que antes. No hay
clérigos que se quedan solamente en los grados menores del
ministerio. La Providencia, que provee todo, nos da la ayuda de los
apóstoles laicos. Hay algunas veces más facilidad para
los laicos en el tiempo actual para acudir a ciertas miserias, que el
sacerdote de ninguna manera puede atender. El apostolado laico
además no es otra cosa que la expansión o
floración de la caridad cristiana, y es algunas veces un deber.
El Santo Padre quiere mucho esta acción común del laico y
del sacerdote (OSC. II,370)”.
3. En su apostolado
El 16 de noviembre de 1871 el P. Dehon llegó a San
Quintín para comenzar su apostolado. San Quintín contaba
en aquel momento con unos 32.000 habitantes como podemos deducir del
Censo que se hizo en 1872 (Cf. “Regards sur Saint-Quentin de
1871-1877”, P.J. Tapin scj, pg. 1).
La industria principal eran los tejidos de lino. La población
obrera estaba sin medios materiales, sin fe, minada por el socialismo y
sumergida en vicios y miserias. Dice el mismo P. Dehon sobre esta
situación social de la ciudad:
“El salario sube y baja según la demanda, como el precio de los
esclavos : no hay ninguna institución que protege al obrero. La
vejez, la enfermedad, los numerosos niños causan hambre y
miseria en las familias. Algunas familias bien situadas prosperan : los
otros quedan en el pauperismo. Las fábricas no obligan a
trabajar el día domingo, pero los patrones no tienen
ningún interés por la religión de los obreros.
Estos reposan o trabajan en su jardín el domingo en la
mañana y beben en la tarde. Las casas son insalubres. Hay una
Caja de Ahorros, pero no hay nada que ahorrar. Una tercera parte de la
ciudad debe ser ayudada durante el invierno por la oficina de
beneficencia. Los obreros tienen odio a la sociedad actual :
están descontentos del clero que no hace nada por ellos, Cierto
que esta sociedad es una sociedad podrida y que todas las reclamaciones
de los obreros tienen una base, un fundamento legítimo (NHV
IX,90-91)”.
3.1. El Patronato de San
Quintín
Como el P. Dehon era el encargado del catecismo de algunas escuelas de
la ciudad, su primera preocupación era atraer a los niños
para conseguir su perseverancia después de haber hecho la
Primera Comunión. Por eso quería crear un Patronato, o
sea, un Centro Social y Comunitario. Aquel pequeño grupo de
niños que reunía en su habitación los días
domingos, provenientes del colegio de los Hermanos de las Escuelas
Cristianas, pasó en poco tiempo a 40 en 1872 y casi 300 en 1875.
Por los rápidos progresos del Patronato se vio obligado a
comenzar pronto para los más grandes un verdadero Círculo
Obrero. Para informarse sobre esto asistió en agosto de 1873 al
Congreso de los directores de Círculos Católicos Obreros
en Nantes. Aquí se encontró con León Harmel y
Alberto de Mun, dos grandes líderes sociales de la época.
En todo este trabajo fue ayudado por algunos laicos de valor, como el
Sr. Julien, presidente de la Conferencia de San Vicente y el Sr.
Santerre.
La finalidad de este apostolado era reconciliar a los obreros con la
Iglesia. El 25 de noviembre de 1872 el P. Dehon escribe a su amigo
Palustre que cree que la obra que está realizando y todas las
obras obreras que surgen y se organizan en varias ciudades, junto con
la oración, son las garantías más grandes de
esperanza para Francia y para el futuro. Era lo mismo que le
había escrito antes el 22 de octubre el Abbé Demiselle,
ex párroco y decano de La Capelle, que fue para él un
gran consejero, un amigo y bienhechor por todas sus obras.
Este mismo sacerdote le escribió el 19 de noviembre de 1872:
“La obra que usted realiza responde a una de las más urgentes.
La clase obrera es tan abandonada que hasta no hay para ellos un puesto
en nuestras iglesias. La necesidad de juntar dinero hace que se quiere
sacar el máximo provecho del arriendo de las sillas y de los
bancos. Los obrero, que no tienen dinero para dar a las iglesias,
quedan sin lugar y no vienen más. Ojalá que nuestras
iglesias fueran como las iglesias en Roma, en las que los puestos
pueden ser ocupados por el primero que llegue. Pero la situación
creada en las iglesias francesas no lo permite. No obstante hay que
hacer algo para cambiar este estado de cosas y hacer sentir a los
obreros y a los pobres que la iglesia es su casa, igual como para los
ricos. Por lo menos las obras del Patronato abren a esta clase
desheredada refugios donde se encuentra a gusto. De ahí la prisa
con que un gran número se inscribe en estas obras. Sienten que
aquí reencuentran su dignidad. Ven así que el ministerio
del sacerdote no esté solamente al servicio de los ricos, y
aprenden sentimientos de verdadera fraternidad e igualdad (AD .B
17/6,23, inventario 15823)”.
3.2. Secretario ejecutivo de la
pastoral social de la diócesis
de Soissons
El P. Dehon fue llevado rápidamente, a raíz del
desarrollo de sus obras sociales, a tomar un papel de animador en la
Pastoral de su diócesis. La razón era que Mons. Dours,
Obispo de Soissons, quería comenzar una oficina diocesana de
obras y nombró al P. Dehon secretario ejecutivo de ella. La
primera tarea que la oficina comenzó era organizar una encuesta
sobre la situación de las obras y las asociaciones existentes.
Para poder dar a conocer el resultado de esta encuesta el P. Dehon
organizó la primera Asamblea General de la diócesis
durante los días 10 y 11 de marzo de 1875 en Liesse. El informe
da constancia de la triste situación de muchas parroquias, donde
no había ninguna vitalidad.
El Congreso tuvo un gran éxito y abrió caminos. Se vio la
necesidad de crear obras nuevas y que la pastoral que se había
seguido hasta ahora, ya no bastaba para enfrentar las dificultades (NHV
XI,111-114).
Siguió la segunda Asamblea, celebrada los días 23-25 de
octubre de 1876 en el Patronato San José de San Quintín.
Reunió a 300 auditores entre los cuales hubo varios de los
principales industriales de la ciudad, venidos para escuchar a
León Harmel. Se acentuó mucho los deberes de los patrones
cristianos, pero las conclusiones del Congreso eran todavía de
carácter paternalistas: se pensaba solamente en la
protección del obrero por parte de la clase dirigente, y que
esto bastaría para hacer reflorecer la paz social (NHV XII,
59-64).
3.3. La Asociación de los
Patrones católicos
En 1876, después de la segunda Asamblea diocesana, el P. Dehon
creyó haber llegado el momento de fundar una Asociación
de Patrones católicos en San Quintín, Les decía:
“Los Patronatos y las Obras son inútiles, si la fábrica y
el lugar de trabajo no cambian. Ustedes deshacen durante la larga y
sombría noche de seis días de trabajo, lo que nosotros
hacemos con mucho esfuerzo durante la bonita jornada del domingo.
Ustedes como patrones no son bastante cristianos en sus vidas (Cf. R.
Prélot, “L´Oeuvre Social du Chanoine Dehon”,57-62)”.
El 25 de enero de 1877, aprovechando una velada teatral organizada por
la Obra del Patronato, les dijo:
“Ustedes quieren un ambiente social en que reinan la seguridad, la paz,
el orden y la caridad. Nosotros se lo daremos, si así lo
quieren, pero es necesario que nos ayuden (NHV XII,122)”.
Y el 19 de abril de este mismo año durante las festividades con
ocasión de su onomástico, también celebradas en el
Patronato:
“Gracias a Dios hemos tenido siempre en esta Obra de San José un
fin noble y elevado. Es una Obra de salvación social, que hemos
querido hacer. En cada una de nuestras reuniones hemos constatado con
ustedes como avanza siempre el mal social. El antagonismo de las clases
se acentúa siempre más. La crisis se acerca. Las olas
suben. El dique de nuestras obras detiene un poco la corriente, pero
las olas sobrepasarán. Nuestro ideal es la unión del
patrón y del obrero, reconciliados el uno con el otro por el
sacerdote. Hemos hecho las pruebas. Son muy notorias en las
fábricas de Val-des-Bois, de Roubais, de Tours, de S. Dizier.
Aquí reina con el orden cristiano, la paz social, la prosperidad
y la felicidad (NHV XII,126-127)”.
El P. Dehon, comentando y revisando algunos años después
todo este trabajo, comentaba:
“Asistimos a una expansión enorme de la virtud de la caridad.
Pero esto no bastaba. Había en la vida social injusticias
latentes de las cuales no nos dimos cuenta. Había por rehacer
una conciencia social entera y esto iba a costar tiempo y sacrificios.
En verdad, durante los pocos años de prosperidad que siguieren
después de la guerra (de 1876), los obreros eran más
accesibles, y todavía la Nación estaba bajo la influencia
de la gran prueba. La mala prensa era muy tímida. Pero,
creciendo las dificultades económicas, el socialismo
comenzó a crecer. Los católicos tenían que
comprender que la caridad no basta y que es necesario meterse en las
cuestiones de justicia social y formar programas de reforma (NHV
XI,146)”.
3.4. El Colegio San Juan
Mucho era el trabajo realizado y el éxito conseguido, gracias
también a la cooperación de las autoridades, pero, como
ya decía el P. Dehon en el texto recién citado, luego
cambiaría el panorama político en Francia.
El P. Dehon, sin embargo, no estaba contento. Se sentía
demasiado ocupado y agitado. Echaba de menos la vida interior.
Quería ser religioso. Pero no podía deshacerse de sus
obras. No le quedaba más que abrirse a Mons. Thibaudier, su
Obispo. Todos conocemos el resultado: el 14 de julio de 1877
recibió del Obispo la autorización escrita de fundar una
nueva Congregación religiosa a la sombra de un colegio. a que
daría el nombre Colegio San Juan, como homenaje al que
había de ser su patrón en la vida religiosa que iba a
emprender.
El P. Dehon siempre ha considerado este colegio como una obra social,
pues quería formar a los futuros patrones cristianos, a la clase
elite e influyente, para que fueran agentes de cambio social
según el evangelio en beneficio de los pobres y de su Patria.
En sus orientaciones mostraba también que la Iglesia, o sea la
fe, no tiene nada que temer de la verdad científica,
reconciliando así el mundo moderno con el mundo de la fe. En
esto seguía las enseñanzas del Papa León XIII (NHV
XIV, 153).
Uno de los consultores de la Congregación de la causa de los
Santos, refiriéndose al P. Dehon alaba su “gran
preocupación de reconciliar las exigencias del mundo de la fe
con las adquisiciones de la ciencia, lo que resulta más
importante, si se hace presente que el ochocientos fue uno de los
siglos en que la relación entre la ciencia y la fe
conoció momentos de tensión, y hasta períodos de
luchas abiertas” (Cf. “Actas de la Congregación de la Causa de
los Santos sobre la heroicidad de la vida del P. Dehon”, Roma,
30.01.1996).
En 1884 se formó la Asociación de los ex alumnos del San
Juan. El P. Dehon asistía casi todos los años a la gran
reunión anual, completando así la formación social
que habían recibido. Más adelante hablaremos de esto.
3.5. La Revista “El Reino del Sagrado
Corazón en las almas y en
la Sociedades”
Poca es la actividad netamente social del P. Dehon durante los
años 1878-1887, por diversas razones, especialmente por el
“Consummatum est” de 1883, la muerte de sus padres, la
preparación del “Decretum Laudis”, (la aprobación de su
Congregación), y su propia enfermedad. La retoma de nuevo en
1888.
En enero hace una conferencia para el Círculo obrero sobre Juana
de Arco (NQT. IV,14). El 10 de mayo se confirma en su deseo de publicar
pronto una revista para promover el Reino social del Corazón de
Jesús (NQT. IV,40r). Del 7 al 9 de julio se encuentra en
Soissons para la peregrinación de los Círculos obreros
católicos de la diócesis y está encargado de la
predicación para los obreros y los patrones en la catedral (Cf.
“Dehoniana” 98/1,11-22).
Finalmente el 6 de agosto asiste en Val-des-Bois a la primera
reunión de estudios sociales de los seminaristas.
Crece ahora en él la convicción de que la caridad sola no
puede resolver los problemas sociales, que es necesario también
la práctica de la justicia. Así leemos en su
alocución sobre la bandera, que hizo para un Círculo
obrero, y que, según el P. Ledure, debe ser del año 1888:
“La victoria que ustedes quieren conseguir es establecer para los
obreros, con la fe, la felicidad íntima del hogar y la pureza de
los modales; y con la caridad y la justicia, la paz social y la
prosperidad. Estudien, recen, actúen, enseñen la
justicia, la fe, la caridad, y vencerán y les llegarán
días mejores” (AD. B 7/3; texto citado por el P. Ledure en
“Acción social y vida mística del P. Dehon”,
“Études Dehonniennes, Lyon 1966,58-60).
En este mismo espíritu publica el 25 de enero de 1889 la Revista
“El Reino del Sagrado Corazón en las almas y en las sociedades”.
Su objetivo fue conseguir la transformación, la
conversión y la renovación de toda la vida cristiana,
tanto en las personas como en las sociedades.
En esta revista el P. Dehon ensayaba tanto sus publicaciones sociales
como espirituales, pues decía que el culto al Sagrado
Corazón no debe quedarse solamente en el ambiente de la
devoción, sino que debe manifestarse también en actitudes
de caridad y justicia en las personas y en las sociedades.
3.6. “Altoparlante” de las
Encíclicas de León XIII
En septiembre de 1888 el P. Dehon fue a Roma para agradecer al Santo
Padre el “Decretum Laudis” recibido el 25 de febrero. El Santo Padre lo
recibió con extrema bondad y le dijo:
“Sé que el fin de su Instituto es muy bueno. La
reparación es muy necesaria, Pobre Francia, está bajo el
yugo de las sectas. Predica mis Encíclicas, combate los errores
contemporáneos”.
La fidelidad del P. Dehon a este deber constituyó el eje de una
actividad más sorprendente que nunca en los próximos
años.
El 15 de mayo de 1891 el Papa León XIII publicó su
Encíclica “Rerum Novarum”. Vino a sellar la inquietud social de
algunos precursores del apostolado social en Europa, entre los cuales
el mismo P. Dehon, que en su revista “El Reino” dio gran publicidad a
ella (“Le Régne”, julio 1891,313-323).
Dice la Encíclica que es un error capital creer que las dos
clases sociales por naturaleza son enemigas, la una de la otra. La
verdad es la armonía social, no el antagonismo.
Además las dos clases se necesitan mutuamente. Recomienda mucho
la creación de corporaciones obreras que deben tratar de
reconciliar los derechos de los patrones con los de los obreros y
encargar árbitros para resolver los conflictos. Dice
textualmente:
“Para reconciliar a los ricos con los pobres es necesario recordarles
sus mutuos deberes, ante todo los de la justicia”.
El P. Dehon, citando en su revista este texto, escribe la palabra
justicia con letras mayúsculas.
3.7. Presidente de la Comisión
de Estudios Sociales de su
diócesis
El Obispo de Soissons quiso concretizar la invitación de
León XIII de realizar la pastoral social en su diócesis.
Por eso formó una Comisión de Estudios Sociales en 1892
bajo la presidencia del marqués La Tour du Pin. El P. Dehon
comienza a asistir a estas reuniones el 22 de marzo de 1893. En la
séptima reunión, el 28 de junio de 1893 acepta la
presidencia de la Comisión y la orienta a la publicación
de un Manual Social Cristiano que fue publicado en 1894.
3.8. Congresos, conferencias y
publicaciones
Gran fue la actividad social del P. Dehon desde 1894 al 1901,
Asistió a muchos congresos, hizo muchas conferencias y
publicó varias obras. El año 1897 fue el año
culminante de esta labor.
No es mi intención desarrollar aquí todo esto. Sobrepasa
la finalidad de este pequeño estudio. Solamente quiero acentuar
que el P. Dehon por su gran espíritu de reconciliación
pudo asistir tanto a los encuentros de los obreros, como de los
patrones.
Así asistió en 1894 al segundo Congreso de los obreros
franceses en Reims y al Congreso obrero en Charleville. En 1896
habló en un congreso para industriales o patrones
católicos en Reims. Durante los días 19-26 de octubre,
también de 1896, participó al Congreso Nacional del
Norte, donde los asistentes casi todos eran patrones un poco
refractarios. Hizo un discurso y hasta sacó aplausos (NQT.
XI,70-71). Pudo hablar este mismo año en el Congreso del diario
“La Croix”, un periódico monárquico, siendo el mismo de
pensamiento diverso.
El mismo rol reconciliador tuvo en los encuentros de la Democracia
Cristiana, que, en medio de un Estado siempre más laicista y
secularizado, trataba de mantener el antiguo ideal de una cristiandad
en la que la Iglesia y el Papa podían ofrecer la única
solución a los problemas sociales y políticos.
En 1901 comienza a disminuir la labor social del P. Dehon por diversos
motivos, pero siempre está latente.
Así encontramos orientaciones sociales en sus obras
espirituales, trata en 1910 de editar de nuevo el“Manual Social
Cristiano” y sigue invitando a los ex alumnos del San Juan a una
pastoral social eficiente.
3.9. Las orientaciones sociales del
P. Dehon a los ex alumnos del San
Juan
En 1884 se fundó la Asociación de los ex alumnos del San
Juan. El P. Dehon asistía regularmente a la reunión anual
de sus miembros, aprovechando la oportunidad para completar la
formación que les había dado. Interesantes son las
reuniones de 1894, 1897 y 1907.
En la Asamblea de 1894 insistió en la necesidad de formar
asociaciones profesionales que engloben tanto a patrones como a
obreros. Les invitó a trabajar con este fin. La Iglesia y
Francia cuentan con ellos. Con el soplo del espíritu del amor,
del que el Corazón de Jesús es la fuente, Francia se
reanimará. Renacerá el espíritu de los primeros
siglos del cristianismo que hará desaparecer las enemistades
entre las clases sociales (AD. B 90/1, inventario 112821).
4. En su vida personal y como fundador
El P. Dehon siempre fue un hombre que buscaba la paz y la
reconciliación, nunca quería forzar o imponer las cosas,
sabía sacrificarse para no causar irritaciones en el otro. Esto
vemos claramente en sus relaciones con su padre, a quién no le
gustaba su opción por el sacerdocio.
Cuando estaba por terminar su primer año de estudios en el
seminario francés en Roma, y se acercaba la fecha de ir de
vacaciones a La Capelle, escribió el 6 de mayo de 1866 a su
padre:
“Entiendo como por diversos motivos le tormenta el pensamiento de verme
llegar con el hábito clerical. Usted sabe que mi deseo
más grande es evitarle cada sufrimiento: visto que andar con
sotana no es lo más esencial de mi vocación, hago con
gusto este sacrificio, aunque me cuesta. Así tomaré
definitivamente el hábito clerical recién en octubre (AD.
B 18/9.2.19)”.
Esta misma conducta ha practicado también en su
Congregación. Sufría cuando había malentendidos,
desunión, palabras duras en la comunidad.
En 1880 anota en su Diario:
“Dificultades internas: el diablo se aprovecha de dos caracteres
débiles que tenemos entre los nuestros para suscitar muchas
penas y dificultades (NHV XIV,107)”.
En octubre de 1880 entró el Abbé Bernardo Leclerq,
dejó la Congregación en agosto de 1882 sin haber hecho la
profesión y en 1883 comenzó una campaña de
denuncias y de calumnias contra el P. Dehon, tanto en la prefectura
como en la diócesis. El Fundador lo soportó con
resignación (NHV XIV,107).
Sufre en 1888 cuando hay divisiones entre los Hermanos en Fourdrain
(NQT. IV,50r).
En julio de 1889 se levanta una verdadera tempestad contra la
Congregación, un segundo “Consummatum est”. Había muchas
cosas que no andaban bien. La Congregación se había
extendido demasiado y por eso varios escolásticos tenían
que ser empeñados en las obras, así, no podían
formarse tranquilamente.
Surgen quejas dentro de la misma Congregación que encuentran eco
en la diócesis de Soissons. Por eso Mons. Thibaudier, ahora
Arzobispo de Cambrai, a fines de agoto exigió al P. Dehon dejar
el Colegio San Juan y fusionar su Congregación con otra
más sólida (P. H. Dorresteijn, “Vie et
Personnalité du P. Dehon”,135; NQT. IV,95).
La Congregación desde el 25 de febrero de 1888 gozaba del
“Decretum Laudis” y por eso ya no dependía del Obispo. Mons.
Thibaudier excedió entonces sus derechos. El P. Dehon no se
defendió, rezaba y esperaba que pasare la tempestad y
comenzó a ponerse en contacto con algunas Congregaciones viendo
la posibilidad de una fusión, que felizmente no resultó.
No había dificultades solamente en Francia, sino también
en la Comunidad de Bahía en Ecuador. Por eso en 1890 el P. Dehon
escribió al P. Grison :
“Trabaja para mantener la unión entre todos ustedes. Cuento
contigo por eso. Tu eres el mayor. Restablece bien la unión
entre el P. Ireneo y el Frater Anscario (que se había ido a la
diócesis), entre el P. Bruno y el P. Sebastián (Miquet)
Se paciente con los débiles y los caracteres difíciles.
No te dejes intimidar por las dificultades (AD. B 24/8)”
El 15 de diciembre de 1892 anota en su Diario:
“Me escribió el P. Captier para pedir perdón por todo el
mal que nos hizo. El Párroco de H. me envía su carta.
Está bien, son reparaciones tardías. Pido al Señor
de perdonar todo a estas personas y a la Obra (NQT VI,16v)”.
Nada de rencor, hasta pide al Señor de perdonar las faltas
cometidas por su propia Congregación.
Siguen las intrigas. Algunos de sus religiosos más cercanos
hacen de todo para alejarlo del Colegio San Juan, del que es director
muy querido. Otros intentarán crear el vacío alrededor
suyo y quitarle el cargo de Superior General. “Pruebas : denuncias,
calumnias. Días de sufrimiento, peor que el “Consummatum est”,
anota en el verano de 1893 (NQT. VI,32,r).
Se le acusa también de haber falseado la inspiración
original de la Congregación.
Jefe de la contestación fue el P. Blancal, que llegó a la
Congregación el 12 de mayo de 1888 y que ya había causado
una división en la Congregación de los Sacerdotes del
Sagrado Corazón de Tolosa a la que había pertenecido
antes. (NQT.Volumen I,550-553).
Todo esto se vivió también en el Capítulo General
realizado los días 6-14 de 1893 en Fourdrain. Pero la
oposición no logró sus objetivos. Anota el P. Dehon:
“Reunión del Capítulo General y retiro en Fourdrain.
Elecciones. El diablo trata al inicio de sembrar la división,
pero se restablece la calma y el retiro es excelente (NQT. VI,36v-37r)”.
Mons. Duval, sucesor de Mons. Thibaudier en Soissons, basándose
en prevenciones, comadreos, añadidos y falsedades, exige al P.
Dehon dejar la dirección del San Juan. Obedece a su Obispo, hace
un retiro de un mes en Braine, del 17 de octubre al 16 de noviembre y
cuatro días después cambia su residencia del Colegio a la
Casa-Madre, donde estaba el foco de la oposición.
En febrero de 1896 escribe en su Diario:
“Las pruebas íntimas no faltan: cartas anónimas,
calumnias, etc. Los sufrimientos son una purificación y una
expiación siempre merecida por algunas faltas (NQT. XI,50r)”.
Aquí el P. Dehon se refiere a las calumnias del ex novicio
Gaëtan Juniet. Entró en nuestro noviciado el 20 de marzo de
1893 y sale ya en el mes de junio. Alcanzó de obtener del P.
Blancal un préstamo de 6.000 francos. Después, conociendo
las intrigas del P. Blancal para suplantar al P. Dehon, inventa grandes
calumnias contra él, para hacerse valer frente a sus acreedores.
El grupo del P. Blancal que en 1893 no había alcanzado su
objetivo de alejar al P. Dehon de la dirección de la
Congregación aprovecha esta oportunidad de comenzar otra
campaña de intrigas. El 31 de agosto de 1896 anota el P. Dehon:
“Tenemos el Capítulo trienal de la Congregación en la
Casa-Madre. Siento una pena profunda. Un padre ha escuchado calumnias,
las cree, las propaga y perturba el Capítulo (NQT. XI,69r-69v).
El P. Dehon parece referirse al P. Delgoffe que los días 12 y 30
de julio escribió a Mons. Duval, quejándose del P. Dehon
y pidiendo su intervención para alejarlo de la dirección
de la Congregación. Pero el Obispo no intervino y el
Capítulo se realizó después con relativa
tranquilidad.
Cuando en junio de 1914 muere Gaëtan Juniet, el P. Dehon anota:
“Me entero de la muerte de un individuo cuyas calumnias me han hecho
sufrir mucho años atrás: Gaëtan Juliet.
Después de una vida de mentiras, robos, estafas, y dos
divorcios, muere en una explosión de una máquina, que
parece haber provocado para terminar con su vida”... (NQT. XXXV,75).
Pero sin manifestar rencor o alegría por su muerte.
Pero el grupo Blancal no se da todavía por vencido. El mismo
día 6 de julio de 1897, cuando los Padres Grison y Lux se
embarcaron al Congo le enviaron un “Memorando” al P. Dehon.
Le manifiestan sus inquietudes sobre el camino que sigue el Instituto.
Estas inquietudes se refieren a la demasiada facilidad de admitir
personas sin la suficiente preparación, sin considerar bastante
su edad, sus estudios y sus antecedentes; a la poca formación
dada a las personas admitidas; a la extensión excesiva que se
está tomando.
Dicen que para ellos es imposible reconocer en una Congregación
así conceptuada, la que les fue propuesta en origen. Les parece
no tener ni su finalidad ni su espíritu. Se menosprecia la
adoración perpetua del Santísimo Sacramento expuesto en
el oratorio y la predicación de retiros de las doctrinas de
misericordia y de sacrificio, que respira la devoción al
Corazón de Jesús, que eran las dos obras esenciales al
inicio.
Por todo esto piden poder separarse de la Congregación y formar
un grupo aparte. Fuera del P. Blancal firman 6 otros padres de la
Casa-Madre (AD .B 48/4.2).
¿Cuál fue la reacción del P. Dehon?
Después de haber leído el “Memorando” no pierde la
cabeza, no le hace ninguna discriminación, ni publicidad. Hasta
ni lo menciona en su Diario. Conversa con los firmantes y los desarma
uno por uno. Después los saca de la influencia del P. Blancal.
El efecto de esta táctica lo encontramos en unas cartas que el
P. Dehon envió al P. Falleur, la primera del 10 de julio de
1897. Dice:
“Hay que rezar mucho. Hay solo una esperanza: que Nuestro Señor
golpee e humille al jefe de la intriga (AD. B. 20/3)”.
Dos días después desde Clairefontaine el P. Dehon escribe
de nuevo al mismo Padre:
“El P. Pablo (Delgoffe) ya se convirtió en Sittard. Me
escribió para ofrecer sus disculpas. Había dado confianza
a un mentiroso. Supongo que se trate del famoso J. (Juniet). Sea muy
discreto sobre todo esto. El P. Blancal, viendo que la aventura no
tiene éxito, se despecha y habla de irse, ¡fiat! (AD. B
20/3)”.
El 18 de julio escribe otra vez al fiel amigo Falleur:
“También el P. Ireneo Blanc se convirtió, ¡Gracias
a Dios!. Dentro de poco quedará uno solo, usted sabe
quién (AD. B 20/3)”. (Cf. también P. Angelo Vassena, “Les
rapports du P. Dehon avec les évêques de Soissons”,
“Studia Dehoniana” 20,187-188).
No tenemos en nuestros archivos la carta del P. Delgoffe a que se
refiere el P. Dehon, sino otra que le envió mucho más
tarde, el 6 de enero de 1920, pidiéndole de nuevo perdón.
Termina así:
“Usted sabe que después de esta maldita época fui y estoy
todavía lleno de sentimientos respetuosos (frente a usted) y
estoy seguro que también usted hace mucho tiempo todo ha
olvidado y perdonado. No obstante espero que usted me bendiga una vez
más, diciéndome en la misericordiosa bondad del
Corazón de Jesús: “Todo está perdonado y olvidado”
(AD .B 18/6.9)”.
Todos conocemos también la actitud que el P. Dehon tuvo con el
P. Blancal. No le pronunció ninguna palabra de rechazo y cuando
en 1905 está gravemente enfermo, muere en sus brazos. En 1912 en
su circular “Souvenirs” habla de él con mucho cariño,
recordando solamente sus cualidades y servicios prestados.
En 1900 el P. Dehon pasó por otra gran prueba. En 1898 nuestros
padres habían comenzado una misión en Túnez. La
Congregación con la ayuda económica del Abbé
Boucher, pensionista en nuestra comunidad de Marsanne, Francia,
había construido una iglesia al Sagrado Corazón y
comprado una propiedad. Pero los misioneros Sebastián Miquet y
Bruno Blanc pidieron en julio de 1899 las dispensas de sus votos y
pusieron todo a nombre de la Archidiócesis de Cartago. Se
comenzó un litigio en Roma, que perdió la
Congregación.
El uno de marzo de 1900 el P. Dehon anota:
“La cruz no debe faltar en la vida de víctima. Hay pruebas que
pesan largo tiempo sobre uno, como debilidades personales, deudas e
ingratitudes. Hay también pruebas que pasan como una
flagelación. Este día la Santa Sede da la razón al
Obispado de Cartago y al desertor (S. Miquet). ¡Fiat! Es solo un
poco de dinero que se pierde, fuera de una humillación y mala
suerte (NQT. XVI,80)”.
En noviembre de 1903 había llegado al Brasil del Norte para
ayudar en el colegio de Olinda el frater A. Elgass. Estando allí
seguía estudiando teología con la ayuda del P. L.
Richters. Parece que se ponía muy difícil y que fue
avisado el P. Dehon. El 17 de abril de 1904 escribió al P.
Richters:
“Si Elgass quiere ser razonable, le perdono todo, y usted puede
admitirlo a la renovación de sus votos (AD .B. 20/8.4)”.
En 1905 anota el P. Dehon sobre el P. Warcoin, que como
escolástico había estado en Ecuador durante los
años 1892-1894:
“El ex Padre Warcoin pasa por San Quintín. Padece de una
alineación mental. Hace cosas extravagantes en la
Basílica y en la ciudad. Este pobre hombre es uno de los 3
sacerdotes infelices que han actuado contra nosotros y nos han
calumniado en la prefectura. El remordimiento le hace perder la cabeza
(NQT. XIX,98)”.
En enero de 1906 escribe en su Diario:
“El pobre Juan Rattaire, despedido de San Juan, escribe cartas
amenazadoras para tener dinero y quiere hacer un escándalo.
Pobre muchacho descarriado (NQT. XX,2)”.
Surgen dificultades con la recién creada Provincia holandesa.
Anota el P. Dehon en noviembre de 1911:
“Las dificultades de Holanda me hacen sufrir mucho. También
gente estupenda puede pasar por una crisis de mal espíritu (NQT,
XXXIV,47-48)”.
En la casa de Lovaina había unos 28 escolásticos
holandeses, pero a causa de los gastos que la Provincia había
hecho, ya no estaba en condiciones de pagar la pensión para
ellos. Además había otro problema : la fundación
de la Provincia incluía también repartición de
bienes. Los holandeses reclamaban su parte de la casa de Lovaina. Para
encontrar una solución el 2 de noviembre de 1911 el P. Dehon
envió una larga carta al P. van Halbeek, Provincial de Holanda.
Le escribe:
“Mi querido Provincial, estamos en un momento peligroso para el honor y
para el bien de la Congregación. Hagamos todo para arreglar las
cosas amigablemente. Pedir a un visitador apostólico es una gran
humillación y queda como una mancha en la historia de la
Congregación.
En primer lugar hay que rezar y poner, de las dos partes, el
espíritu de justicia y de caridad.... Ustedes no son ricos,
nosotros tampoco, pero hagan ver su buena voluntad. El Consejo Central
les pide solamente 200 francos de pensión por persona.
¿Dónde encontrar un seminario que se contenta con esto?
Ustedes piden que la Provincia franco-belga le compre su parte de
Lovaina, pero ella no la necesita, le basta con la mitad...(AD. B
74/5)”.
Este mismo día escribe otra carta al P. Kusters:
“Mi querido amigo, recurro a su buen corazón. Hay que terminar a
toda costa con este problema entre las Provincias, sino lo echamos a
perder todo........El espíritu de la Congregación no es
un espíritu de divisiones y de guerra. Prefiero morir antes de
ver perder la paz y la caridad entre nosotros (AD. B 74/2)”.
En septiembre de 1920 el P. Dehon escribe en su Diario :
“Ejercicio de humildad: un Padre me escribió de una manera
completamente irreverente e injuriosa, ¡fiat! Que Dios le perdone
(NQT, XLIII,129)”. La carta mencionada falta en nuestros archivos.
El 22 de septiembre envía esta carta al P. Weber, Superior de
Clairefontaine:
“Termine cada polémica y cada desavenencia con la comunidad de
Luxembur: Super omnia charitas. No implique los diarios en nuestros
asuntos. Usted es demasiado independiente, sale fácilmente del
Codex y del Directorio. Vuelva a la verdadera vida religiosa.
¡Paz! ¡Paz!”.
A todos estos hechos podríamos agregar muchos otros, pero creo
que los aquí mencionados son suficientes para afirmar que el P.
Dehon fue realmente un hombre de paz y de reconciliación.
Conclusión
A lo mejor podemos concluir este pequeño trabajo con algunos
textos que nos muestran el espíritu reconciliador del P. Dehon
fuera de los otros textos ya citados.
El primero es del Abbé R. Prélot:
“Contando con amigos fieles entre los monárquicos, los
refractarios y los republicanos, como también en las filas de
los conservadores o católicos sociales, el Canónigo Dehon
será según las directivas papales un artesano de la
unión entre los católicos franceses.
Ha buscado en todas partes y siempre, sin renegar nada de sus
convicciones, a ser un hombre de colaboración y de enlace y ha
trabajado por la unidad (“L´Oeuvre Social du Chanoine Dehon”,
263-265)”.
El segundo texto lo encontramos en la biografía del P. H.
Dorrestijn sobre el P. Dehon:
“Inquebrantable en sus principios, fue todo lo contrario de un
exclusivista que se amuralla en sus propias opiniones y trata de
herejes a los que no piensan como él. Tenía muchas
relaciones en ambientes muy diversos y las aprovechaba para unir a la
gente, para hacer el bien. También en sus adversarios supo
reconocer y apreciar sus buenos ideales y buenas intenciones; cuando no
lograba ganarlos completamente a sus puntos de vista, ensayaba al menos
llevarlos a una colaboración parcial. Así reconciliar y
unir fue una de sus formas de apostolado (“Vie et Personnalité
du P. Dehon”,196-197)”.
Dice el P. Dehon que esta actitud corresponde al espíritu de las
bienaventuranzas de Jesús, a las virtudes cristianas
En su libro “El Año con el Sagrado Corazón”, hay una
reflexión sobre las palabras de Jesús: “Felices los
pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios (Mt.5,9)”.
Dice:
“Dios es la paz inalterable y eterno, la paz que es la tranquilidad del
orden (San Agustín). Seamos la grata imagen del Dios de la paz,
que es nuestro Padre. Hagamos brillar en nuestro corazón el
harmonioso reflejo de la paz, que habita en el Corazón de
Jesús. El alma que reside en la paz sabe perdonar la ofensa, no
dice ninguna palabra injuriosa, deja pasar una actitud que choca, se
sacrifica en el silencio. Esta alma es en su familia y en su comunidad
un ángel de paz, de reconciliación y de unión (OSP
IV,54-55)”.
Aquí escribe su propia alma, su propio espíritu, a imagen
del espíritu de Dios Padre y del Corazón de Jesús.