HOMILÍA
PARA EL ENCUENTRO
DE SUPERIORES MAYORES
26 de Octubre de 2004
Los designios de la Providencia son inescrutables y cada uno de
nosotros conoce, en lo íntimo de su corazón los caminos
del Señor, por los cuales, de su mano, lo ha traído hasta
Roma, a este encuentro, en el que el acontecimiento de la
próxima y feliz beatificación de nuestro venerado P.
León Dehon, ya muy próximo, tiene entre sus objetivos la
preparación inmediata.
Han pasado 52 años desde cuando se dieron los primeros pasos de
este largo camino, al principio entre grandes incertidumbres, aun entre
los hijos del P. Dehon, que veían tantos interrogantes y
cuestiones posibles acerca de su obra pastoral y apostólica,
sobre sus escritos, su compromiso social, sobre los principios de la
misma Congregación y sobre su personalidad, con lagunas que
debían ser estudiadas y aclaradas, como después de se
hizo en los Procesos canónicos de Malinas y Soissons.
Las vicisitudes del Proceso en Roma, las aclaraciones, los estudios
detallados del P. Ceresoli, y los interminables trabajos del famoso
abogado Dante, las dificultades internas, hicieron que la marcha del
Proceso se fuera alargando hasta que la promulgación, en 1983,
de la Constitución Divinus Perfectionis Magíster,
facilitara el desenvolvimiento del iter romano en los Procesos de las
Causas de Beatificación y Canonización, antes demasiado
pesado y repetitivo, aunque ya varias cosas de la nueva reforma y
estaban funcionando.
El trabajo de mi predecesor P. Oliviero Girardi, será el que
llevará a buen puerto, según las nuevas normas la
Positio, bajo la dirección del Relator P. Yves Beaudoin, hasta
su presentación a los Consultores Teólogos, a la
Congregación Ordinaria de Cardenales y Obispos, a la lectura del
Decreto sobre la heroicidad de la virtudes, solemnemente declaradas por
Juan Pablo II, el 8 de abril de 1997.
El redescubrir –el Proceso se encontraba aparcado desde 1965, no
conocemos exactamente las causas aunque todos tuvimos conocimiento de
la curación sucedida en Lavras (Brasil) en 1954 - y el volver a
estudiarlo a comienzos del 2002, nos llevaron a consultas con peritos
médicos de la Congregación y nuevos estudios, de tal modo
que fue aceptado por la Congregación de las Causas de los
Santos, y siguiendo la praxis ordinaria, en poco menos de dos
años se llega a la lectura del Decreto super miraculo
solemnemente declarado por Juan Pablo II, el 19 de abril del 2004,
abriendo el paso a la tan esperada y próxima
Beatificación.
Este acontecimiento, para nosotros, es una gracia, un don y un
regalo, y como tal deberá vivido y percibido en la
Congregación y Familia Dehoniana. Recogiendo los signos de los
tiempos, en estos momentos en los que XXIº Capítulo General
nos ha convocado para responder a los nuevos desafíos acerca del
mismo ser de la vida religiosa y de nosotros mismos Sacerdotes del
Corazón de Jesús, hasta retomando la palabra
“refundación”, la beatificación de nuestro Fundador nos
invita a adentrarnos, no solo en su carisma, sino sobre todo en su
persona como cristiano, religioso y sacerdote, en el modo de acoger la
llamada del Espíritu, que ya en la lejana Navidad de 1856, en
Hazebrouck, se hace sentir en su vida: “Nuestro Señor me impulsa
fuertemente a entregarme a Él. La acción de la gracia
permanece tan fuertemente impresa en mí que, durante mucho
tiempo, tuve la impresión de que mi conversión
podía fecharse en este momento(NHV I, 26r).
Esta acogida del Espíritu, sin poner barreras personales, ni
sociales, ni familiares, como lo hizo el P. Dehon –por otra parte tan
atento y sensible a su pequeño y gran mundo- acaso podría
iluminar a nuestros promotores vocacionales, a nosotros mismos, a
nuestras comunidades, en las que, al menos en Occidente, la vieja
Europa, Estados Unidos, se hacen tantos problemas para proponer a los
jóvenes una vida más comprometida y alejada de todo y de
todos, para volver a lograr la verdadera libertad evangélica
que, solamente es posible cuando se da una fuerte experiencia de Dios,
enraizada en la oración personal y comunitaria y en el
desasimiento de los bienes de este mundo.
Recorriendo la vida del P. Dehon, estudiante en París, podemos
recoger las reflexiones de los PP. Perroux y Benini al respecto: “Pero
él tuvo la oportunidad en su adolescencia de vivir una fuerte
experiencia de Dios. Supo implicarse y comprometerse. Se da cuenta de
que tiene necesidad de ser sostenido, que no puede caminar solo. Acepta
con gusto el poder ser acompañado( dirección espiritual).
De un modo perseverante sabe recurrí a quines pueden ayudarle en
su camino”(T.Benini – A.Perroux: Père Dehon, qui
êtes-vous? Folleto 6, p. 13. Colección de
artículos, para publicar en la página Web de la
Congregación, con motivo de la Beatificación del P.
Dehon).
En la Carta del P. General, con motivo de la Beatificación del
P. Dehon, del 31 de mayo del presente año, encontramos algunas
reflexiones que pueden servirnos como punto de partida y guía
para la preparación de este acontecimiento, tanto a nivel
personal como comunitario y para retiros y encuentros preparatorios de
toda la Familia Dehoniana.
En el quinto punto de esta Carta titulado: “Vivir y morir en Cristo”,
se nos ofrece una síntesis breve sobre todo cuanto ha sido, no
solo el punto de partida, sino sobre todo, la continuidad y la
fidelidad a la llamada y al carisma recibido: “Radicado en el amor de
Dios, que lo siente como el fundamento de toda su existencia, el P.
Dehon ha vivido una vida llena de dinamismo y entusiasmo. Pero
también de grandes y numerosas dificultades, dudas,
indecisiones, faltas. El sufrimiento, la fuerza, la tenacidad con que
los que se ha enfrentado a la vida, caminan no obstante unidos a la paz
y a la bondad, actitudes que lo han hecho conocer como el “très
bon père”. El secreto de esta paz, de esta capacidad de
amar, acoger y consolar, pero al mismo tiempo de entregarse al trabajo,
de luchar, soñar y planificar, lo encontramos en su unión
personal con el Corazón de Cristo, porque: “Quien quiere
extender el Reino del Sagrado Corazón debe, ante todo,
consagrarle su vida toda entera (OSP 4,202).
Cuánto y cómo ha sido profundamente vivida esta vida de
unión al Corazón de Cristo se puede se vislumbra en los
últimos días de su existencia, cuando muere como
verdadero patriarca, rodeado de sus religiosos y familiares, y habiendo
bendecido a todos y cada uno, volviendo su mirada hacia el cuadro del
Corazón de Jesús, exclama: “Por Él vivo, por
Él muero”.
En esta misma Carta se nos recuerda, una cláusula de su
testamento espiritual, escrito en los días amargos de la Primera
Guerra Mundial, que vivió en S. Quintín, después
recogido en el Directorio espiritual: “Os dejo el más
maravilloso de los tesoros: el Corazón de Jesús”, que
nosotros no podemos nunca olvidar por pertenecer a nuestro modo de ser
en la Iglesia.
El amor de Dios, del Padre, manifestado en el Corazón de su
Hijo, cercano a nosotros en su humanidad “sustancialmente unida
al Verbo de Dios”, abismada en el Amor, ha sido para el P. Dehon “el
horno ardiente de caridad”, en el que él ha leído el
Evangelio y toda la Palabra de Dios, de la que era lector y conocedor
apasionado, siguiendo las huellas de los santos del Corazón de
Jesús como S. Juan, María Magdalena, Gertrudis, Margarita
María, en la profunda vida de oración y adoración
que hasta el final de su vida ha llevado. Entre los libros que nos ha
dejado, en el museo de la Casa Generalicia, hay uno escrito por el P.
Andrés, titulado Manual de la Reparación, editado pocos
años antes de morir, en el que en cada dos páginas ha
pegado una estampa de estos santos y cuadros relacionados con el
Sagrado Corazón. Sin mucho esfuerzo se puede pensar que la
simple vista era para él la composición de lugar para
adentrarse en la contemplación sin necesidad de otras lecturas,
a través de estos “amigos del Corazón de Jesús”.
Son conmovedores a este respecto, no solo las recomendaciones que
aparecen en las primeras Constituciones y Directorio – y los tiempos no
es que en el fondo hayan cambiado tanto, cuando se trata de Amor
– sino también el modo cómo Mons. Philippe nos cuenta en
sus “Recuerdos del P. Dehon” los últimos tiempos de la vida del
P. Fundador: todo regularidad, oración-adoración, trabajo
vida comunitaria, y con tantos detalles de rica humanidad, que son
también hoy los quicios básicos para toda
renovación o refundación.
Los tiempos han cambiando, no cabe duda, asi como las circunstancias en
el modo de vivir la vida religiosa hoy, pero sin vida de
oraciõn, vida comunitaria y de misiõn, no serã
posible ninguna renovaciõn. Las obras y los compromisos, directa
o indirectamente apostolicos y pastorales, permanecerán con sus
raíces culturales y religiosas, pero por dentro secas y sin
savia por no haber llegado al “Corazón de Jesús, fuente
de justicia y caridad” y donde podemos encontrar, como el P. Dehon:
“Todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia” (cfr.
Letanías del Corazón de Jesús).
La beatificación del P. Dehon debería ayudarnos a
redescubrir su figura y acercarnos a ella, no solamente a través
de su camino espiritual, religioso, social, que nuestras señales
de pista, y también con su personalidad llena de realismo, en
medio de la historia del difícil y convulsionado siglo XIX , con
los grandes y profundos cambios sociales y el despertar del
renacimiento religioso, con las esperanzas de un siglo XX rotas por la
gran tragedia de la Primera Guerra Mundial. Años en los que
él ha fundado la Congregación pero en los que
también se ha hecho oír y ver en la Iglesia y sociedad
francesa, en la misma Roma, y en el resurgir de la misma vida religiosa
de las Congregaciones, con modelos todavía muy “conventuales”
que han prolongado su existencia hasta la renovación y puesta al
día urgidos por el Concilio Vaticano II, una renovación o
refundación, como decimos hoy que, más que nunca, se
está convirtiendo en un verdadero desafío.
En el fascículo 10, del P. Perroux: “Le Père Dehon et sa
famille”, también presentado como subsidio de lectura para la
Beatificación, en la página 109, escribe: “Un realismo
que se manifiesta a través de la calidad y la consistencia
humana en todo lo que él es y en todo lo que hace, por la
eficacia y el carácter siempre prácticos de su conducta y
sus intervenciones. Y su sensibilidad siempre atenta y receptiva, la
nobleza y delicadeza de corazón que se encuentran siempre en sus
numerosas relaciones, el afecto por su familia, por sus amigos y
colaboradores, por su patria. Este realismo y esta cordialidad se
verifican también en la adhesión y unión habitual
con Nuestro Señor “sin el cual no sabría vivir” y es
aquí, de donde él saca la fuerza, la vida de la
inteligencia y del corazón; por Él “lo soy todo, es mi
gracia, mi vida, mi salvación y mi única
alegría”...
Recogiendo testimonios sobre la personalidad de su gran amigo y
colaborador P. Rasset, para un libro que deseaba escribir sobre
él, titulado “Un prêtre du Sacré-Coeur” , en la
“Croix del’Aisne” (9.11.1905) dicen de él: “El miércoles
por la mañana llegamos al nº 30 de la calle Antoine
Lécuyer de San Quintín, en lo que le había dejado
de su casa el liquidador Lecouturier a M. El Canónigo Dehon.
Grande de carácter no menos que de estatura, siempre es el
mismo, en la adversidad y en la prosperidad, y nos acoge con aquella
cortesía simpática que cada uno de nosotros conoce y nos
dice: “el difunto está en la capilla”( OSP VI. P. 372).
Una sencilla nota de cronista que noshace ver cómo él
vivía el abandono en las manos del Señor, y cómo
los laicos lo entendían, sabiendo muy bien que, en aquellos
momentos, el P. Dehon estaba luchando por salvar lo salvable de la casa
de San Quintín y de la misma Congregación en Francia.
En los momentos de la prueba, y se puede decir que toda su vida
ha sido una cruz continua, sin faltarle a su lado la hermana
enfermedad, que se manifiesta desde sus primeros años de
sacerdote en Roma y San Quintín hasta llegar al final en
Bruselas, anciano y enfermo, y en los períodos más
intensos de su actividad social y como Fundador, se siente siempre
urgido a vivir en unión con el Corazón de Jesús y
en el Corazón de Jesús, corazón sacerdotal, que le
hace exclamar como a S. Pablo: “No soy yo, es Cristo que vive en
mí”; parafraseando escribe en sus Notes Quotidiennes: “Tengo sed
de vida interior, de pureza, de unión con Nuestro Señor,
de espíritu de inmolación y de amor”. “Para mí, la
unión con Jesús lo es todo, es mi vida y mi
salvación”(XXIV/1908, 41-42) “Todo por amor, todo en
unión con Nuestro Señor. Es necesario recordar a menudo
esta unión, con un pensamiento, con una mirada”(XXXIX/1915,79).
El Pacto de amor, encontrado entre sus cosas después de su santa
muerte, es tanto expresivo para nosotros sus hijos, diciéndonos
cómo él ha vivido la unión y la
consagración: “Jesús mío... yo hago voto de
entregarme por puro amor al vuestro Sagrado Corazón, de consumir
mi vida y mis fuerzas por la obra de los Oblatos, aceptando de antemano
todas las pruebas y sacrificios que queráis enviarme. Hago voto
de realizar todas mis obras con la intención de puro amor a
Jesús y su Sagrado Corazón y os suplico de tocar mi
corazón, de inflamarlo con vuestro amor, para que yo tenga no
solo la intención y el deseo de amaros sino aún
más, de sentir por la acción de vuestra santa gracia
todos los afectos de mi corazón unidos solamente a ti”.
Sin duda esta la fuente de brota aquella fuerza interior que mueve la
vida entera de nuestro Padre Dehon, y que nos hace captar a sus hijos y
discípulos la realidad que mueve su larga y laboriosa vida, con
sus vicisitudes, pero siempre con el horizonte del amor de Cristo que
nos ama y nos fascina, que nos mueve a amar como correspondencia, en el
puro amor, y a llevar al prójimo a este encuentro como
garantía de su Reino en las almas y en las sociedades.
Para acabar quisiera añadir tres testimonios recogidos en la
Relatio et Vota dei Consultori Teologi per il Congresso peculiares
Super Virtutibus, el 30 de enero de 1996. Una tomada de las
declaraciones del P. Julien Jacques, aquel que, después de
encuestas y entrevistas, no siempre objetivas, sobre la figura del P.
Dehon, afirmaba como testigo en Proceso Peculiar de Soissons: “Yo no
tengo dudas sobre la santidad del P. Dehon, pero será
difícil el demostrarlo!: Siempre manifestó una gran
caridad por el prójimo, tenía sed de almas, de educar a
los jóvenes, de entregarse a los obreros... Pienso que su
perdón ha sido siempre muy grande. No conserva amargura en su
corazón para con sus enemigos...era muy generoso con los bienes
materiales. Sus bienes patrimoniales –que no eran pocos- han sido para
las obras que él ha fundado. Se compromete para ayudar a los
demás en tas necesidades: por ejemplo, en la ayuda a los
sacerdotes, a los religiosos que habían abandonado la
Congregación... Todos están de acuerdo que era muy
generoso”(98)
De la carta de los tres jueces del Proceso de Soissons tomo este otro
testimonio: “No es un santo de vidriera. Ni un asceta de grandes
penitencias o maceraciones espectaculares. Hay en él un estilo
de santo que consiste principalmente... en el hacerse todo a todos con
una bondad sonriente... en aquello que hace sentirse al otro que es
entendido y querido personalmente”(93).
Sin duda todo un programa de vida para nosotros, para nuestras
comunidades, para la Familia Dehoniana.
Y la Relatio et Vota dei Consultori Teologi del Congresso peculiare
Super Virtutibus, concluía así sus trabajos: “la
documentación y los testimonios presentados con el fin del
reconocimiento por parte de la Iglesia de tantas y tan ejemplares
virtudes, ponen de relieve una figura de sacerdote y de apóstol,
que honra y promueve los grandes valores humanos y cristianos, de los
que hay inmensa necesidad in esta hora de urgente
reevangelización
P.
Evaristo M. de Alegría scj